Me duele admitir la realidad, cuando cada decisión errónea que tome puede devolverse a mí como una fugaz arma asesina, hay momentos en los cuales uno ya no tiene salida alguna y solo falta respirar profundo, mirar arriba, cerrar los ojos, bajar la vista, abrir los ojos, mirar directamente a la persona y hablar, seguir hablando y seguir hablando, contado cada ínfimo secreto que podría estar minimizado bajo mi piel, hay veces, en las cuales, hay una oportunidad directa para revelar algo, pero la inconsciencia humana a veces nos lleva a extremos bastante ilógicos, en los cuales seguimos mordiéndonos la lengua y seguimos dando vueltas en realidades que no valen la pena, si ya todo es claro y se sabe, ¡¿por que seguimos defendiendo lo indefendible?!, porque solo nos interesa nuestro bien, nuestro bien estar y el resto, que se pierdan en el bosque, porque el que se debe salvar soy yo… Pero que estupidez, los encerrones en la vida se producen por algo, porque algo saben, porque la vida nos llevo al extremo del abismo, porque ya nada nos puede salvar, entonces, en esos momentos drásticos de nuestra vida, hay que morir con honor y soltar esa pesada mochila llena de misterios sin resolver que fueron dándole sentido incorrecto a nuestra vida, para, al fin, descansar en paz.
¡¿Hablo con el corazon, o guardo mi version?!
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